"En 1987 firmé contrato con mi nueva
agencia, Joseph Heldfond Rix, que por aquel entonces eran un grupo con un poder
maravilloso. Julie, mi agente, me mandó a una audición para un video de Michael
Jackson, The Way You Make Me Feel. Pero no me dijeron de quién era el video. Lo
supe luego, cuando ví que había doscientas chicas en el casting.
Cuando me llamaron, me dijeron que tenía que
andar, mostrando algo de actitud. La escena era en una calle de un barrio
peligroso. Un grupo de chicos empezaron a hacer su papel, siguiéndome,
llamándome "Ey nena, que pasa!" Resulta que eso mismo me acababa de
pasar de verdad cuando iba al casting. Algunos chicos me habian seguido por la
calle, o sea que ya venía preparada. Estuve haciendo la prueba unos minutos y
lo grabaron todo.
Unos días después me citaron para probarme
distinta ropa. Ahí fué cuando me enteré de que el video era para Michael
Jackson. Entré en una sala con el coreógrafo del video, Vince Patterson.
Michael estaba allí pero a mí me daba tanta vergüenza que al principio no me
atrevía ni a mirarle. Patterson me enseñó lo que tenía hacer, y lo hice
perfectamente. Al final miré a Michael. Estaba allí con una camisa roja,
meneándose al ritmo de la música con una sonrisa enorme en la cara. Ví que se
volvió hacia la persona que tenía a su lado para decirle algo al oído. Después
me dijo David Banks, uno de los autores del video, que Michael habia dicho
"Es ella. Las demás son aficionadas". Jamás olvidaré cuando mi agente
me llamó para decirme que tenía el trabajo. Grité tan fuerte que todo Hollywood
debió oirme. Era toda una hazaña para mí, sentí que por fín lo había conseguido
y que pronto despegaría mi carrera.
El rodaje duró cinco días, y el último estaba
dedicado a primeros planos míos. El segundo día ya rompimos el hielo Michael y
yo. Fue en medio de una escena donde me seguía, y yo se supone que tenía que
pasar por dentro de un coche abandonado en medio de la calle. El vestido me
estaba tan ajustado que tenía que girarme para pasar. Durante una toma, cuando
me dí la vuelta, el tacón de una bota se me quedó enganchado en la tapicería y
no lo podía sacar. Michael me puso la mano en la pierna y luego arriba del muslo
para ayudarme a salir. Yo me acaloré un poco supongo, y por fín se soltó. Me
caí del coche y caí de culo en el suelo. Me daba palmaditas en el cola para
limpiarme y nos partíamos de risa los dos. Entonces nos miramos a los ojos un
momento. Despues de aquello empezó una conexión cálida y amistosa entre los
dos.
En los descansos del rodaje, Michael empezó a
preguntarme sobre mi vida. Algunas veces estaba en plan de ligue conmigo, como
cuando me dijo que andaba muy bien. Yo le dije "Bueno, ando como todo el mundo".
Me miró sonriendo y me dijo "No, tienes una forma de andar muy sexy".
Poco después de que terminara la producción
del video, Craig, un asistente de Michael que se había hecho amigo mío, me
llamó y me dijo "Sabes, Michael habla de tí todo el tiempo. Me pregunta
como eres y quería que te dijera hola. Creo que le gustas de verdad. Dice cosas
como lo increíblemente guapa que eres y lo dulce que eres".
Craig me sugirió que podría ir y hacer una
visita al rodaje de otro video que estaba haciendo Michael. Pensé que sería una
buena idea, así que Craig se lo dijo a Michael, y unos días después fuí
invitada a pasarme por allí. Fué divertido estar allí y ver a Michael otra vez.
Me enseñó todo el plató, estuve mirando mientras filmaban y luego fuí a comer
algo con él y su manager al camión. Al final del día me dí cuenta de que no
tenía forma de volver a mi casa. Yo acababa de mudarme desde Nueva York, y no
tenía carnet de conducir. El taxi al estudio me había costado más de lo que
pensaba, y no tenía bastante para volver. Craig me animó para que le pidiera a
Michael que me llevara a casa.
Me daba corte decirselo directamente a
Michael, así que le conté lo que pasaba a Miko Brando, hijo de Marlon Brando y
mano derecha de Michael por aquel entonces. Le pregunté si podía dejarme algo,
o si podrían llevarme. Se lo dijo a Michael y no tuvo problema en llevarme en
la limusina. Unos minutos después estaba camino de casa, sentada junto a
Michael en su enorme Mercedes negro, con Miko al volante. Al principio Michael
parecía estar nervioso y jugueteaba como un niño. Hablamos mucho, sobre todo
sobre nuestras familias. En un momento dado nos tomamos de la mano. Cuando me
dejó en casa, le dí las gracias y le dije que esperaba verle otra vez. "Me
verás", contestó él.
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